El anarquismo y la clase obrera mexicana. John M. Hart (Capítulo II)

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El anarquismo y la clase obrera mexicana

John M. Hart

Para leer y descargar completo: http://es.scribd.com/doc/191148541/El-anarquismo-y-la-clase-obrera-mexicana-1860-a-1931-John-M-Hart-docx

(Segunda entrega)

CAPÍTULO II: EL PROSELITISTA

Plotino Rhodakanaty -inmigrante, académico, cruzado y activista político-, el primer partidario de a doctrina anarquista y fundador del primer grupo anarquista que organizó a la clase trabajadora en México, tuvo una enorme influ

encia en la emergente clase obrera urbana, así como en los movimientos agrarios de 1860, 1870 y 1880. Nacido en Atenas, Grecia, el 14 de octubre de 1828, fue llevado por su madre, austriaca, a Viena, poco después de la muerte de su padre. Éste, que era miembro de la nobleza

griega, fue muerto durante la guerra de independencia de Grecia contra Turquía. La madre de Rhodakanaty lo estimuló a seguir estudios de medicina, pero éste, como tantos de sus compañeros universitarios de orientación liberal, apoyaba la independencia húngara, y partió hacia Budapest para tomar parte en el frustrado levantamiento de 1848. Poco después, ese mismo año, el decepcionado Rhodakanaty se fue con su familia a vivir a Berlín, en donde reanudó sus estudios de medicina. Allí desarrolló un gran interés por la filosofía política y se convirtió en admirador, primero de Hegel y después de Fourier y Proudhon.

 En 1850, Rhodakanaty hizo un viaje especial a París para conocer a Proudhon luego de haber leído su último libro ¿Qué es la propiedad? Su familia empezó a tener dificultades financieras al cabo de unos años, y los estudios de Rhodakanaty comenzaron a flaquear. Cuando en 1857 su familia volvió a Viena, el desanimado estudiante de medicina decidió irse a París para estudiar filosofía política. Una vez ahí, se las arregló para estudiar también idiomas y escribir su primer ensayo filosófico, De la Naturaleza, publicado en esa ciudad, en 1860.[1]

 En parís, Rhodakanaty conoció, entre otros jóvenes socialistas, a un mexicano que le habló de los decretos sobre la tierra expedidos por el gobierno mexicano, de los pronunciamientos del presidente Ignacio Comonfort sobre la reforma agraria y de su invitación a los extranjeros para que emigraran a México y probaran a crear nuevas colonias agrícolas independientes. Todo esto entusiasmó a Rhodakanaty, quien decidió ir a México a fin de asegurarse de que las nuevas comunidades agrícolas se organizaran y desarrollaran como comunas basadas en conceptos utópicos socialistas.

 En el momento en que Rhodakanaty se preparaba para partir a México, se recibieron noticias sobre la caída del gobierno de Comonfort y el inicio de la turbulenta guerra de Reforma. En vista de ello, decidió irse a vivir a España con objeto de perfeccionar su español. Se fue a Barcelona en espera de que pasara la violencia y al recibirse noticias de que Juárez había instaurado su gobierno, a principios de 1861, dejó España y se embarcó para México. Llegó a Veracruz a fines de febrero, pero sólo para enterarse de que las colonias agrarias proyectadas por Comonfort habían sido olvidadas hacía ya tiempo. Sin desanimarse, Rhodakanaty observó que los campesinos mexicanos practicaban en sus pueblos tradicionales los ideales básicos planteados por Fourier y Proudhon, aunque en su opinión seguían siendo oprimidos por el cerco de los hacendados y la indiferencia de un gobierno hostil. Decidió, pues, organizar a los campesinos y construir por iniciativa propia un sistema socialista de colonias agrarias.[2]

 En un primer intento de ganar adeptos, Rhodakanaty publicó un folleto titulado Cartilla socialista en donde explicaba los principios de una comunidad agrícola utópica, siguiendo la línea de Fourier. En el folleto, buscaba convencer al lector de la necesidad del socialismo mediante una retórica demostrativa:

 «¿Cuál es el objeto más elevado y razonable a que pueda consagrarse la inteligencia humana? La realización de la asociación universal, de individuos y de pueblos, para el cumplimiento de los destinos terrestres de la humanidad… ¿Cuál es el estado actual de la humanidad? Los hombres están aún divididos en toda la tierra por intereses de industria, de clases, de partidos, de nacionalidades, etc., que engendran en ellos, con gran detrimento de todos y cada uno, hostilidad y odios más o menos violentos, en lugar de la buena armonía que debería unirlos para su felicidad. De tal suerte, que a pesar de los maravillosos progresos realizados en los últimos tres siglos por las naciones de Europa, la humanidad está aún universalmente sometida al reinado del mal».[3]

 Rhodakanaty compartía el punto de vista socialista proudhoniano sobre la bondad inherente al hombre, pero creía que la propiedad privada, la distribución desigual de riquezas y la naturaleza explotadora del orden social existente, creaban perversiones morales, un gobierno corrupto y hacían que el hombre se enfrentara al hombre.[4] En esa época, tanto los marxistas como los anarquistas, y sobre todo estos últimos, creían tan firmemente en esto que muchos daban por sentado que tras el éxito de la revolución las cárceles ya no serían necesarias.

 Al no poder reunir suficientes adeptos para intentar la colonia agrícola, Rhodakanaty trató de obtener una cátedra en el Colegio de San Ildefonso, en la ciudad de México. Como no fue aceptado por el Colegio, se conformo con un puesto en una escuela preparatoria. Durante el tiempo que estuvo ahí, influyó en varios de sus alumnos, quienes abrazaron el “socialismo libertario”, y en 1863 formaron un grupo de estudio que para 1865 ya era conocido como “el grupo de estudiantes socialistas”. Sus miembros consideraban a la nueva organización la rama mexicana del bakuninismo. En el grupo estaban los futuros líderes del socialismo mexicano: Francisco Zalacosta, un joven fanático que posteriormente encabezó luchas agrarias; Santiago Villanueva, quien organizó el primer movimiento obrero urbano, y Hermenegildo Villavicencio, quien trabajó con Villanueva en la década de 1860, pero murió antes de los grandes acontecimientos de las décadas de 1840 y 1880.[5] Tras dejar la escuela, todos ellos se volvieron artesanos e iniciaron sus actividades organizativas entre los artesanos de la ciudad, quienes se mostraban cada vez más descontentos con el pujante sistema de fábricas para la producción de bienes. Las fábricas los habían hecho económicamente vulnerables y su sistema tradicional de gremios para una mutua protección era cada vez más impotente. Asimismo, la herencia gremial mexicana, vástago de los sistemas español y europeo que había influido tan fuertemente en Proudhon, contribuía a que los artesanos de la ciudad de México se mostraran completamente abiertos a las doctrinas mutualistas proudhonianas.

 En uno de sus primeros proyectos, los estudiantes revivieron la difunta organización mutualista mexicana, la “Sociedad Particular de Socorros Mutuos”, que originalmente formaran en 1853 los artesanos de la industria sombrerera.[6] Cierto que la nueva “Sociedad de Socorros Mutuos” no compartía en lo más mínimo la posición ideológica de su predecesora, ya que en 1853 la ideología socialista no era aún bien vista en México.

 En 1864, cuando Rhodakanaty enseñaba en la escuela preparatoria, publicó un folleto titulado Neopanteísmo.[7] El ensayo se convirtió en discusión central entre los estudiantes y pronto le siguieron otros que comentaban con más detalle sus puntos más radicales. Al igual que la Cartilla socialista, el nuevo folleto ayudó a consolidar un grupo de leales seguidores.[8] Las ideas de Rhodakanaty sentaron las bases para el desarrollo filosófico del anarquismo mexicano, que alimentaba la esperanza de crear falansterios utópicos en los pueblos, como los concebidos por Fourier, y al igual que Proudhon, los adaptaba a la idea de sociedades mutualistas y cooperativistas, así como a la del rechazo del Estado. Quería que una estructura política federalizada; denunciaba la mayor parte de las actividades políticas y rechazaba la dictadura del proletariado. Sus ensayos tenían el estilo de la jerga seudocientífica de los pensadores del siglo XIX. Al igual que Comte, Marx y Spencer, Rhodakanaty quería encontrar “la verdadera naturaleza del hombre”. En su opinión, “la verdadera naturaleza del hombre” exigía el modo de vida socialista libertario, mejor conocido por anarquismo. Buscaba eliminar el papel del Estado en los asuntos internos, reorganizar la propiedad privada en cooperativas y abolir la política y los partidos políticos.[9] Todo esto conduciría a un orden social más elevado:

 «… el principio de la repartición proporcional y equitativa de los beneficios entre diversas facultades industriales, indicado por el buen sentido pasará a la práctica y a las costumbres por estas tres vías, y en un próximo porvenir no se verán ya en México sino asociados, hermanos unidos en sus intereses, consagrados enteramente, por el corazón y la inteligencia, a la conservación y al aumento de la riqueza pública… marchemos impertérritos por esta vía social de la naturaleza».[10]

 Y continúa:

 «La fórmula del socialismo de hoy es la de la Revolución francesa de 1793: Libertad, igualdad, fraternidad, a la cual agregamos Unidad… Libertad o desarrollo integral de todas las vocaciones, de todos los talentos individuales: libertad para el ejercicio de toda clase de profesiones sin títulos, sin autorización ni monopolio universitario; libertad rehabilitadota y emancipadora para la mujer, libertad para el esclavo de todas las condiciones.

 Igualdad de derechos ante la ley, igualdad de posiciones sociales en la nación, igualdad de fortunas ante la riqueza pública e igualdad de conciencia ante el orden de la moral universal representado por la humanidad: tal es el axioma del derecho común.

 Fraternidad o solidaridad de amor y de filantropía entre todos los seres de la gran familia humana; no más disensiones, no más odios inmoderados de partidos políticos, no más persecuciones ni cruzadas religiosas como las que tomando por estafermo al cielo se han representado sobre la tierra para ignominia de la humanidad.

 Unidad o convergencia de todos los intereses individuales con el bien general, por medio de la asociación solidaria y constante del talento, el trabajo y el capital[11]

 En su llamado a la libertad total del hombre, Rhodakanaty expresó las opiniones más radicalmente libertarias de su tiempo. Resulta irónico, pero uno puede ver también las semillas del anti-intelectualismo anarquista que empiezan a dar fruto incluso en el trabajo de orientación intelectual que hacía Rhodakanaty. Su oposición al control universitario de las profesiones, de los grados académicos y licenciaturas, era típica de un grupo de hombres en lucha contra lo que consideraban como instituciones restrictivas de la sociedad capitalista. A medida que la lucha se intensificaba, aumentaba el resentimiento contra los intelectuales y las instituciones que representaban.[12] Coherentes con la oposición de Rhodakanaty respecto a la libertad en las profesiones, los escritores anarquistas defendían en El Hijo del Trabajo a un curandero llamado Julián González contra los frecuentes ataques que durante muchos años recibiera de extraños. En cado todos los números del periódico, González anunciaba sus curas milagrosas.[13]

 Rhodakanaty, al igual que los ideólogos anarquistas europeos, pedía la disolución de todas las fronteras nacionales y la fraternidad universal entre todos los hombres. “Será necesaria la acumulación de grandes cantidades de capital, y luego, a medida que se propague el movimiento, se unirán todas las naciones de la tierra en un espíritu de cooperativismo, y el egoísmo se convertirá en respeto en nombre del interés común”.[14] La organización anarquista La Social, creada fuera del Grupo de Estudiantes Socialistas, en 1865, y dirigida por Rhodakanaty, pretendía ser el vehículo con el que se alcanzarían en México estos objetivos: “La Social, al igual que nosotros, tiene como programa la unión universal. No reconoce nacionalidades. Sus tres símbolos son libertad, igualdad y fraternidad la Idea Santa”.[15]

 Rhodakanaty veía el caos político, el estancamiento económico y la extrema pobreza de la sociedad mexicana como una justificación de la creencia que tenían él y Proudhon de que el gobierno y la democracia fracasarían como instituciones formales organizadas.

 «… después de haber tomado posesión de su cargo y durante todo el período de la presidencia, al Sr. Lerdo hoy lo agobia y aterroriza por todas partes la pesadilla eterna de sus antecesores, que es la revolución… lo cierto es que, en uno u otro caso, el resultado sería el mismo, esto es, que el actual gobierno en nada habrá podido aliviar los infortunios de la clase pobre y menesterosa de la sociedad.

 De esto podemos deducir lógicamente que si ninguno de los poderes constituidos legal o ilegalmente… durante la existencia política de México, ha podido hasta ahora remediar en nada los males que agobian al pueblo, preciso es que en su organización falta algún principio esencialmente necesario para producir dicho resultado…

 Y en efecto, la democracia por sí sola, como sistema trunco, es impotente para hacer la felicidad de los pueblos, según su actual organización y manera de ser… »[16]

 Al ver la desesperación de los artesanos, trabajadores urbanos y campesinos mexicanos, Rhodakanaty se dio cuenta de que la democracia fallaría “si no va fecundada por el socialismo, esa doctrina santa y consoladora emanada de los más altos y luminosos principios de la filosofía, que asegurando su porvenir al individuo humano, le garantiza también la subsistencia por medio de la ley eterna del trabajo a cuya condición están sujetos todos los seres de la naturaleza…”.[17]

 Esta referencia a la “ley eterna del trabajo” trae a colación la versión de Rhodakanaty sobre el mecanismo serial en la historia, expresada originalmente por Fourier y posteriormente revisado y ampliado por Proudhon, en parte como respuesta a la dialéctica marciana. En el proceso serial del cambio histórico, todos los seres y todos los modos de comportamiento, están sujetos a las “leyes eternas” del desarrollo. Por ejemplo, Proudhon trazó lo que él llamaba la “serie inmortal” de la libertad humana como un proceso histórico dentro de la sociedad, de la siguiente manera: libertad de individuos, libertad de trabajo, libertad de conciencia, libertad de examen, libertad de voto. Para Proudhon, el individuo representaba la unidad básica, pero la sociedad en evolución aportaba el orden serial dentro del que cada personalidad humana encontraba función y realización. El individuo era una unidad integral de la sociedad. De la misma manera en que un órgano interno opera como componente del cuerpo humano, así funciona el individuo como parte integral de la sociedad.[18] Pero esta uniformidad iba más allá de meros individuos y sociedad; Proudhon creía en la existencia de leyes universales que regulaban a todos los cuerpos celestes y seres vivos en el cosmos. Según Rhodakanaty, una vez que se descubrieran las “leyes eternas” de Proudhon, y se pudieran en práctica, la humanidad se emanciparía, ya que los problemas inherentes a la búsqueda de una sociedad justa e igualitaria podrían entonces anticiparse y ser confrontados.[19]

 A causa de la confianza optimista y humanista que los socialistas del siglo XIX tenían en la capacidad de la humanidad para resolver sus problemas, las opiniones teóricas como las que sostenía Rhodakanaty se utilizaban para justificar el socialismo. No obstante, si se las tomaba literalmente, en especial los escritores religiosos conservadores de México que jamás habían leído a Proudhon ni a Fourier y que no tenían la menor noción del principio serial o la dialéctica marciana, y quienes, además, por razones tradicionales no podían aceptar a Comte o a Spencer, Rhodakanaty aparecía como débil mental.[20]

 A diferencia de algunos de sus discípulos más sanguinarios, como Zalacosta, Rhodakanaty temía la violencia y caos de una revolución. Pensador e idealista más que hombre de acción, propugnaba la transición pacífica del capitalismo a una sociedad que se basara en la idea proudhonista-bakuninista de organizaciones voluntarias agrupada en federaciones flexibles. Dichas asociaciones implicarían la abolición del sistema de partidos políticos, el sistema salarial y los diversos grados de riqueza en la sociedad capitalista para remplazarlos por una igualdad social y económica, crédito gratis, ayuda mutua y filantropía. Rhodakanaty aspiraba a un nuevo orden humano que podría disfrutar de la productividad industrial del antiguo sistema, pero sustituyendo la explotación y miseria con un amor fraternal y un espíritu de cooperación.[21] Según este nuevo orden, en varias ocasiones Rhodakanaty manifestó su preocupación por el amor fraternal y la cooperación al referirse a la emancipación de la mujer. Transmitió este aspecto de su pensamiento mediante el reclutamiento de varias mujeres para convertirlas en miembros de La Social. Posteriormente, éstas fueron las primeras delegadas aceptadas por el Congreso Nacional del Trabajo mexicano.[22] Una de ellas, Soledad Sosa, posteriormente enseño literatura en una escuela de trabajadores subvencionada por el Congreso.

 Rhodakanaty creyó siempre que el individuo que vive en un medio socialista no necesita ser coercionado para cumplir con su parte. Por lo tanto, el criterio para la distribución de la producción estaría basado más en la necesidad que en la cantidad de trabajo aportado. Esto, por supuesto, precedía la posición que adoptara posteriormente Kropotkin.[23] Rhodakanaty creía que una vez que el sistema capitalista de poder político y explotación del individuo llegara a su fin, el trabajador contribuiría por iniciativa propia al bien colectivo “en forma natural”. Esta referencia constante al cooperativismo natural del hombre es nuevamente proudhoniana de origen y anticipa el trabajo posterior de Kropotkin. Pero además, suponía que el capitalista entraría a la nueva sociedad cooperativa y por decisión propia cedería su riqueza y privilegios de acuerdo con los dictados de la ley natural y el instinto de la ayuda mutua que creía Rhodakanaty, el hombre no podría resistir indefinidamente.[24]

 El contraste con la mayoría de los socialistas mexicanos del siglo XIX, Rhodakanaty dejó ver en sus escritos algún conocimiento del marxismo al indicar no sólo su oposición a él, sino su temor de que llegara a tener éxito.[25] Con el fin de aumentar su efectividad al construir un movimiento anarquista en México, rhodakanaty favorecía la creación de sociedades secretas tipo bakuninista para propagar la teoría socialista y adquirir popularidad, presentando un programa para la clase trabajadora que se basaba en sus problemas inmediatos.[26]

 La sociedad secreta La Social quería instaurar el socialismo en México. Como decía Rhodakanaty, La Social trabajaba para “solución del Estado en contrato económico, reorganización de la propiedad, nulificación de la política, destrucción radical del feudalismo, expedición de la ley agraria; esto es lo que pretende el socialismo y es lo que nosotros queremos”.[27] Siempre consideró al sistema cooperativo de talleres de artesanos, colectivos de trabajadores y comunas agrarias como la antítesis moral de una sociedad capitalista inmoral.

 Con bastante acierto, Rhodakanaty ha sido llamado discípulo de Fourier.[28] Pero como socialista de mediados y de fines del siglo XIX, resulta evidente que era Proudhon quien ejercía la mayor influencia en él. Su concepto de gobierno constituye el mejor ejemplo de esta influencia. Aspiraba al ideal proudhoniano de una sociedad sin Estado, mientras que Fourier siempre dio por sentada su existencia. Obviamente, Rhodakanaty admiraba a Fourier, pero no caben muchas dudas en cuanto a su posición respecto al papel que debía desempeñar el Estado.[29] Tampoco coincidía con Fourier en lo concerniente a la distribución de la riqueza. Combatía la máxima de éste: “A cada cual según su capital, trabajo y habilidad”; su posición era la de Proudhon, quien decía que sólo debía tomarse en cuenta la productividad individual dentro de un grupo de iguales y la necesidad personal individual. Sostenía que las diferentes formas de empleo individual eran desiguales, pero consideraba a cada una de esas formas como igualmente esenciales para la sociedad.[30]

 Como Proudhon, Rhodakanaty concebía un papel elitista para el intelectual en la construcción del socialismo, y él desempeñaba activamente ese papel. Adoptando el punto de vista que Proudhon sostuviera temporalmente en 1850, cuando Rhodakanaty lo conoció, escribió: “… y vosotros también, privilegiados de la fortuna, comprended vuestra misión y deberes; sabed que todo lo que poseéis lo debéis al pueblo… (es necesario que) por el amor de vuestros hijos y mujeres, y aun por convivencia propia, asentéis la ciencia social sobre su legítima base… (el amor y el conocimiento) bien combinados, como la luz y la materia cósmica del universo en su formación, os sirvan de talismán…”.[31] Consideraba al intelectual primordialmente como un maestro perteneciente a la élite y un propagador de información para las masas, y en consecuencia se dedicó a escribir tratados filosóficos y artículos para periódicos dirigidos generalmente, aunque no siempre, a los lectores de la prensa para artesanos socialistas de clase trabajadora.

 Su periódico filosófico, publicado durante un corto tiempo en 1874, El Craneoscopio, contrastaba agudamente con sus artículos habituales destinados a un público artesanal y de clase trabajadora.[32] Rhodakanaty quería convertir a sus lectores al socialismo mediante una historia de la filosofía occidental. Hacía gala de una extensa cultura, citando a Horacio, Pascal, Descartes, Leibniz y Herder como autoridades cuyo pensamiento había contribuido al desarrollo de las ideas socialistas. Invocando una visión que calificaba de “universalista cristiana”, Rhodakanaty interpretaba la evolución de la sociedad y las naciones como “voluntad de Dios”, puesto que Dios era “las leyes universales del Cosmos”. Este proceso de cambio o de series, creía, daría por resultado la creación de “una gran república universal, construida sobre las ruinas del viejo mundo”.[33] Siguiendo las asociaciones de Proudhon, la utopía resultante es ya bastante familiar: no más propiedad privada “… rehabilitación femenina. Actualmente el mundo se halla agitado por un fermento de ideas y de sistemas de cuya crisis saldrá radiante el divino genio de la unidad absoluta, que consolidará sobre las ruinas del antiguo mundo la gran República Universal”.[34] Por lo tanto, aunque en El Craneoscopio el tema se enfocaba de manera distinta, las conclusiones eran idénticas. La serie de ensayos en El Craneoscopio indican una vez más la convicción de Rhodakanaty de que los elementos mejor informados y más cultos de la sociedad, que eran a los que él apelaba, debían ser abordados desde el plano intelectual más elevado que los trabajadores comunes. Al igual que Bakunin, y Proudhon durante un corto tiempo, la “depravación” de estos últimos grupos y la necesidad de estimularlos para su autosuperación, fue una de sus principales preocupaciones.[35] Fue este reto de mejorar a los trabajadores lo que lo llevó a tratar de fundar una escuela, la Escuela de Filosofía Trascendental, con el fin de enseñar “filosofía trascendental a quienes buscaran cultivarse”. La “escuela” nunca fue más allá de un círculo de lectura.

 Siempre filósofo e historiador intelectual, Rhodakanaty creía que sólo la persuasión y un cuidadoso razonamiento convertirían al trabajador y al capitalista a la causa socialista. Utilizando ejemplos selectos se anticipó a Kropotkin al señalar que el hombre había progresado, no a través de la competencia individual en su lucha por la supervivencia, sino mediante la ayuda mutua y la cooperación. Interpretó la historia intelectual para demostrar, en consistencia con la teoría socialista, que el amor, la compasión y la bondad llenaban el corazón del hombre. Afirmó tener la confirmación científica de los textos de Spinoza y otros, de que el cooperativismo funcionaba. Sostuvo que el pensamiento de los filósofos occidentales se dirigía hacia el concepto socialista libertario del hombre y la sociedad, y que la sociedad occidental obedecería a dichos conceptos. Rhodakanaty creía que si lograba aceptación en México para las ideas de estos hombres, tal como él las interpretaba, éstas constituirían la clave para un futuro socialista.[36]

 Como sus contemporáneos europeos, Rhodakanaty fue siempre impreciso en cuanto a los detalles sobre cómo esta futura sociedad, basada en asociaciones voluntarias, iba a funcionar en términos económicos. Con frecuencia discutía con base en un principio moral. Estimulado por la fragmentación y dificultades de las clases bajas urbanas, consecuencias de la incipiente revolución industrial, Rhodakanaty veía la solución a los problemas de la sociedad en las sociedades cooperativas relativamente pequeñas, descentralizadas y antipolíticas, típicas del anarquismo de la segunda mitad del siglo XIX. Como era habitual en sus tiempos, acomodaba este esquema en leyes universales, semejantes -al menos en el enfoque, debido a sus interpretaciones globales de los asuntos humanos- al pensamiento marxista y positivista de la época. Rhodakanaty no se oponía al progreso tecnológico, pero guiándose por su limitada experiencia empírica de la revolución industrial, temía el efecto que en última instancia tendría ésta sobre la sociedad humana a menos que su desarrollo siguiera otro curso. Concluía que el hombre se adaptaba mejor a comunidades relativamente pequeñas, en las que la ayuda mutua y la caridad humana tendrían oportunidad de florecer.[37]

 No parecía dispuesto a aceptar la posibilidad de que el capitalista mexicano o las clases trabajadoras pudiesen rechazar la utopía que preveía. En consecuencia, al igual que sus camaradas anarquistas en Europa, no llegó a comprender nunca la necesidad de crear medios factibles de supervivencia o autoprotección para las sociedades cooperativas del México del siglo XIX, tanto para sus primeras etapas de desarrollo como para cuando entraran en conflicto directo con las instituciones sociopolíticas existentes. Esta última etapa, evidentemente alcanzó su punto culminante durante el reinado de Porfirio Díaz. La actitud de Rhodakanaty, combinada con su oposición a la revolución violenta, dieron por resultado su fracaso en ayudar al anarquismo a prepararse para semejantes contingencias.[38]

 Tras muchos años de actividad, su incapacidad para educar a la gente y propiciar los cambios deseados, sin duda le produjeron una gran desilusión. No obstante, el debilitamiento del fanatismo en sus ensayos durante la década de 1880, el cese de sus actividades revolucionarias y su regreso a Europa en 1886, probablemente se debieron más a las medidas represivas tomadas por el gobierno de Díaz que a un sentimiento de desesperación por sus propios fracasos.

 Hacia mediados de la década de 1880, el régimen de Díaz disolvió el Congreso Nacional de Obreros Mexicanos, afiliado al anarquismo internacional con base en el Jura, que Rhodakanaty apoyaba; subvencionó un creciente número de sindicatos sometidos al gobierno, sociedades mutualistas y cooperativas; aplastó el movimiento revolucionario agrario y cerró u obligó a un cambio de política a todos los periódicos de clase trabajadora para los que Rhodakanaty escribía. Tomó medidas contra toda la propaganda revolucionaria y ataques al Estado que hacían los periódicos y muchos de los antiguos compañeros de Rhodakanaty fueron arrestados o tuvieron que huir. Tal vez debido a esta intimidación, publicó su último ensayo en 1885, un tratado filosófico desprovisto de todo contenido revolucionario, sin riesgos, dedicado a ecuánimes consideraciones sobre el mundo literario y poco después, en 1886, regresó a Europa.[39]

[1] “Pequeña biografía de Plotino C. Rhodakanaty”, en La Paz, 17 de marzo de 1873; citado por José C. Valadés, “Precursores del socialismo antiautoritario en México”, en La Protesta, Buenos Aires, 22 de mayo de 1928.

[2] “Pequeña biografía… “

[3] Plotino C. Rhodakanaty, Cartilla socialista o sea el catecismo elemental de la escuela de Carlos Fourier – El falansterio, José C. Valadés, comp., p. 16.

[4] Para otros ejemplos de esta creencia en la bondad innata del hombre y en cómo la propiedad privada y las condiciones de su medio lo corrompen, véase Rhodakanaty; “Estudios de filosofía social”, en El Socialismo, 26 de febrero y 9 de mayo de 1883. También artículos en El Socialista, 22 de abril, 4 de julio y 15 de agosto de 1880.

[5] J. C. Valadés, “Precursores del socialismo”.

[6] El Obrero Internacional, 7 de septiembre de 1874.

[7] Rhodakanaty, Neopanteísmo, consideración sobre el hombre y la naturaleza.

[8] J. C. Valadés, “Precursores del socialismo”.

[9] P. C. Rhodakanaty, “Lo que queremos”, en El Hijo del Trabajo, 28 de abril de 1878.

[10] P. C. Rhodakanaty, “El programa social”, en El Socialista, 16 de abril de 1876.

[11] P. C. Rhodakanaty, “El programa social”, en El Socialista, 28 de mayo de 1876.

[12] Para algunas muestras excelentes del desprecio hacia el intelectual burgués véase los artículos de José María González en El Hijo del Trabajo, 14 y 28 de julio de 1878.

[13] El Hijo del Trabajo, 22 de mayo de 1881: véase también casi cualquier edición de El Hijo del Trabajo, entre 1876 y 1883.

[14] P. C. Rhodakanaty, “El programa social”.

[15] Editorial, El Hijo del Trabajo, 9 de mayo de 1876.

[16] P. C. Rhodakanaty, “La organización del trabajo”, en El Socialista, 27 de febrero de 1876. Para una discusión de este aspecto del pensamiento de Proudhon, véase J. Hampden Jackson, Marx, Proudhon and European socialism, p. 133.

[17] Ibid.

[18] Para el mejor análisis del principio serial de Proudhon, véase George Woodcock, Pierre Joseph Proudhon, p. 78.

[19] P. C. Rhodakanaty, Médula panteísta del sistema filosófico de Spinoza. Este ensayo puede encontrarse también como una serie de artículos en El Socialista, 27 y 31 de marzo y 10 de abril de 1885. Rhodakanaty utiliza el mismo tema en artículos titulados “Estudios de filosofía social”, en El Socialista, 26 de febrero y 9 de mayo de 1883.

[20] Emeterio Valverde y Téllez, Crítica filosófica o estudio bibliográfico y crítico de las obras de filosofía, p. 432.

[21] P. C. Rhodakanaty, “Peligros para el porvenir”, en El Socialista, 12 de marzo de 1867; “La asociación”, en El Socialista, 26 de marzo de 1876; “Lo que queremos” y “Viva el socialismo”, en El Hijo del Trabajo, 17 de marzo de 1878.

[22] Véase por ejemplo el artículo de P. C. Rhodakanaty en El Socialista, 28 de mayo de 1876; véase también El Hijo del Trabajo, 9 de mayo de 1876.

[23] P. C. Rhodakanaty, “El programa social”.

[24] Artículo de P. C. Rhodakanaty en El Socialista, 28 de mayo de 1876. Para el punto de vista de Kropotkin, véase P. A. Cropotkin, La ayuda mutua.

[25] P. C. Rhodakanaty, “Peligros para el porvenir”.

[26] Texto de P. C. Rhodakanaty del discurso para conmemorar la reinauguración de La Social en El Socialista, 14 de mayo de 1876.

[27] Artículo de P. C. Rhodakanaty, “Lo que queremos”, en El Hijo del Trabajo, 28 de abril de 1878.

[28] Víctor Alba, Las ideas sociales contemporáneas en México, p. 120. Alba da un ejemplo de esta tendencia a la sobresimplificación cuando clasifica a Rhodakanaty como un discípulo de Fourier.

[29] Véase P. C. Rhodakanaty, “La organización del trabajo” y “Lo que queremos”.

[30] Para comparar la estrecha similitud de puntos de vista sobre el tema de distribución de riquezas, véase Proudhon, ¿Qué es la propiedad?, y el artículo de Rhodakanaty “El programa social”, en El Hijo del Trabajo, 28 de abril de 1878, “Viva el socialismo” y otro en El Socialista, 28 de mayo de 1876.

[31] Rhodakanaty, “Peligros para el porvenir”. Para una discusión de esta fase en el pensamiento de Proudhon, véase Alan Ritter, The political thought of Pierre Joseph Proudhon, pp. 86-90.

[32] Véase El Craneoscopio, Periódico Frenológico y Científico, del 16 de abril al 10 de junio de 1874.

[33] P. C. Rhodakanaty, El Craneoscopio, 16, 22 y 29 de abril de 1874.

[34] Ibid., 5 de mayo de 1874, suplemento especial.

[35] Artículos de Rhodakanaty en El Socialista, 14 y 28 de mayo de 1876; y texto de un discurso de Rhodakanaty pronunciado en la reinauguración de La Social el 7 de mayo de 1876 en El Hijo del Trabajo, 9 de mayo de 1876. Véase también El Craneoscopio, 29 de abril y 5 de mayo de 1874.

[36] P. C. Rhodakanaty, El Craneoscopio, 16 de abril al 10 de junio de 1874. Véase también P. C. Rhodakanaty, Médula panteísta.

[37] Para una exposición completa de su pensamiento sobre este tema, véase P. C. Rhodakanaty, Cartilla socialista, p. 16; y sus artículos en El Socialista, particularmente “Estudios de filosofía social”.

[38] P. C. Rhodakanaty, “Peligros para el porvenir” y artículo en El Socialista, 28 de mayo de 1876.

[39] P. C. Rhodakanaty, Médula panteísta. Esto fue un extracto de Neopanteísmo, publicado originalmente en 1864 y del que prácticamente todas las ideas habían sido editadas.

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