Sobre los origenes del movimiento obrero en México. José C. Valadés

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José C. Valadés, proveniente de una familia liberal, republicana, siempre interesado en dejar constancia del movimiento socialista mexicano, y sus origenes, ligados estrechamente al anarquismo o socialismo libertario. Se hizo pronto un investigador sobre los orígenes libertarios del pensamiento y movimiento socialista mexicano, y en este caso específico, del movimiento obrero.

Acá, ponemos el prólogo escrito por Diego Valadés, tomado de la edición realizada por Ediciones Hormiga Libertaria, versión que ligamos para su lectura en línea y/o descarga. Los textos de José C. Valadés son esenciales para conocer el movimiento socialista, eminentemente anarquista, que llego a México hacia 1860 con Plotino Rhodakanaty, y que se desenvuelve en lo consecuente del siglo XIX, donde se sientan las bases del anarquismo mexicano del siglo XX, y en cierta manera de muchos movimientos de aliento libertario o anarquista, que van irrumpiendo durante el siglo XIX, y las primeras décadas del siglo XX.

A partir de los textos de Valadés, podemos acercarnos a esos orígenes, y desarrollo del movimiento socialista mexicano, que nace, y durante al menos 70 años, está fuertemente ligado o influenciado por la corriente anarquista o libertaria del socialismo, movimientos en el mundo artesanal, y obrero, que van desde de los grandes círculos obreros, y posteriormente la Casa del Obrero Mundial, la Confederación General de los Trabajadores, el agrarismo insurreccional de Julio Chávez López, quien insurrecciona el oriente de la Valle de México tomando haciendas, llamando a los pueblos a tomar la tierra en sus manos, que se extiende y toma fuerza en la zona de Cuautla, donde décadas después irrumpiera el agrarismo del Ejercito Libertador del Sur, de Emiliano Zapata.

En suma, ese movimiento socialista en México, eminentemente libertario o anarquista, donde se sientan las bases de los movimientos, organizaciones, e insurrecciones obreras, y campesinas, que décadas después irrumpieran en los sectores de abajo de la Revolución Social.

Sobre los origenes del movimiento obrero en México

(José C. Valadés)

Para leer y descargar completo “Sobre los origenes del movimiento obrero en México”:

http://es.scribd.com/doc/187688194/Origenes-del-Movimiento-Obrero-en-Mexico-Jose-C-Valades-pdf

A manera de prológo. (Por Diego Valadés)

Cuando José C, Valadés publicó en La Protesta de Buenos Aires su ensayo “Sobre los orígenes del Movimiento Obrero en México”, llevaba varios años –los primeros de su juventud– dedicado a la investigación social y a la organización de los trabajadores. Dos escritos suyos, a la fecha sólo publicados parcialmente, dan cuenta de sus pesquisas y de sus inquietudes.

Orígenes del Socialismo en México, es el título de una indagación amplia (más de doscientas cuartillas), de la cual una parte, la que ahora se publica, vio la luz en La Protesta, con motivo del certamen a que esta importante publicación anarquista  convocó en 1927, “abierto a todos los militantes del anarquismo y del movimiento obrero de orientación libertaria”.

El trabajo original, redactado entre 1925 y 1927, tiene (como introducción) una breve nota que dice: “Los archivos de las viejas sociedades mutualistas de México; una parte del archivo del Gran Círculo de Obreros y los periódicos socialistas tanto mexicanos como extranjeros, fueron las fuentes principales para escribir estos apuntes para la historia del socialismo en México. Grandes lagunas serán encontradas en la narración que sigue y sólo desea que los esfuerzos de unos cuantos hombres –los primeros abanderados del socialismo en México– no queden perdidos, olvidados”.

El capitulado de Orígenes del Socialismo en México es sugerente.

Constituye, en sí mismo, un catálogo de fechas y hazañas encarnadas en la historia de las ideas mexicanas: el club socialista de estudiantes (1853-1865), la organización obrera (1.866-1868), la insurrección de Chalco (1869), El Socialista y el Gran Círculo de Obreros (1870-1871), actividades del movimiento obrero (1872-1873), la Internacional, discusión de ideas (1874-1875), el Congreso Obrero (1876), la organización campesina (1877-1878), el plan socialista de los Pueblos Unidos (1879), el segundo congreso obrero (1880), el congreso internacional de Londres (1881) y los últimos movimientos (1882-1884), son los títulos de las doce partes en que se divide la obra, cuyo original el tiempo ha dispersado pero que entonces, cuando lo redactó José Valadés, fue el resultado de un trabajo que buscó los cimientos de la acción social del siglo XX mexicano en la malograda pero intensa premonición social del siglo XIX.

El otro escrito inédito, el de las revelaciones y revelaciones, es una suma autobiográfica, extensa, de la que una parte apareció en Revista de la Universidad (volumen XXIII, número 10, junio de 1969) que contiene los quehaceres, tan animosos como mortificados, de quienes en la década de los veintes dieron cuerpo al Partido Comunista, a la Juventud Comunista y a la Confederación General de Trabajadores.

En esas lides Valadés también fue actor y más tarde relator. En efecto, al andar el tiempo se escindieron, para él, los caminos del gabinete donde estudiar y pensar, y de la plaza pública donde preocupar y mover.

Transterrado, terminó los veintes y empezó los treintas en Los Angeles, donde el periodismo le dio posibilidades de subsistencia para luego dedicarse a la historia.

Los años de la acción y la reflexión social se fueron pronto. Quedaron después los de la reflexión. De aquéllos, de los primeros, es producto el estudio que ahora se publica. Investigación de temprana edad, fue sucedida por una intensa tarea doctrinaria. En 1922 y 1923 publicó Revolución Social o Motín Político y La burla política. El primero, aparecido como parte del programa editorial del Partido Comunista, constituye un rápido repaso de la historia mexicana, de cuyas lecciones concluye que es necesario “que el partido de la clase obrera y campesina se fortalezca”; el segundo es un alegato abstencionista: “Boicot a las elecciones. Hay que acabar con la burla política”.

También traduce textos de orientación ideológica. De Luis C. Fraina, El imperialismo americano; de Sen Katayama, La República Rusa de los Soviets; de Miguel Bakunin, Dios y el Estado. La difusión y adoctrinamiento es realizada por Valadés a través de diversos medios. Organiza la Escuela de Agitación (1921) junto con Raimundo Acevedo, e imparte clases “lunes y martes de cada semana, de 8 a 9 p.m.” y funda y dirige varias publicaciones periódicas: La Humanidad, El niño libre y Juventud Mundial. En su Mazatlán natal colabora para Mosaico; envía a menudo colaboraciones a Buenos Aires (La Protesta). Su correspondencia epistolar menudea con Max Netlau y con Diego Abad de Santillán. A la vez se convierte en portavoz y dirigente de trabajadores: después de intervenir en la fundación de la Juventud Comunista participa también en la organización de la Confederación General de Trabajadores, de la que luego es Secretario General.

De esos años ha dicho Ernesto de la Torre Villar: “Metido en la vía que abren el entusiasmo juvenil, la limpieza de ideales, el desinterés y la honestidad propia de esos años, Valadés ligóse prontamente a los grupos activistas que deseaban dar al México pos revolucionario una dirección filosófico-política determinada. Primero entre las filas de los anarcosindicalistas, posteriormente conectado a los primeros agentes del comunismo internacional como Fran Seaman, José Allen, Sen Katayama, integró las primeras filas de la juventud comunista de México con un puñado de jóvenes igualmente idealistas cuyos anhelos habían pasado de los del igualitarismo universal de su primitivo grupo, a anhelos de una transformación socio-económica más amplia, efectiva y permanente. Su amistad con aquellos dirigentes, la lectura más afanosa de obras fundamentales del socialismo, la experiencia en torno de encontrados intereses entre los líderes obreros, las conexiones de éstos con el Estado, la manipulación de los grupos, la deslealtad de correligionarios a quienes había dado el título de amigo y tendido la mano, los ataques injustos y malintencionados de quienes deberían haberle apoyado, todo ello contribuyó a separarle de los grupos activistas del comunismo mexicano, sin renunciar a sus generosos ideales, que encaminó a una realización, en la que la acción individual e inteligente en favor de núcleos más amplios consideraba mucho más efectiva”. (Revista de la Universidad, volumen XXXI, número 2, octubre de 1976.)

En efecto, como ya se ha dicho, al bifurcarse los caminos optó. Hizo de la historia mexicana oficio y devoción. De ella, de esa historia –nunca lo olvidó– el capítulo social y de las ideas es esencia y razón. Sobre temas sociales, además de sus notas de juventud –las inéditas y las que ahora se presentan– publicó en 1939 Topolobampo, la Metrópoli Socialista de Occidente (Fondo de Cultura), en 1956 Apuntes sobre la Expedición de Baja California (Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos) y en 1968 Noticia sobre el socialismo en México durante el siglo XIX (edición particular).

Y hasta aquí lo que a mí toca. José C. Valadés fue un escritor público, pero el juicio de los padres no toca a los hijos.

Cd. Universitaria, marzo de 1979.

Diego Valadés

 

 

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